El desayuno es lo que más se lleva: hay quien dice que es el mejor que probó en Jacó, y las opciones veganas también sorprendieron. En la cocina el resultado es desparejo —alguien se fue decepcionado con unos tacos fríos y ácidos, papas blandas y una ensalada que no se sentía fresca— y los cócteles, que gustan mucho, bajan de nivel las noches de eventos, cuando el local está lleno.
Lo más recordado es el ambiente: plantas por todas partes, un bar y muchas pinturas en las paredes, con noches de baile —una reseña habla de una clase de bachata— y una casa que promueve la ayuda social, local y artística. Abre todos los días menos el miércoles, y los viernes y sábados hasta la medianoche, en Playa Jacó.